acf domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ltnext/eternoscampeones.acunaviera.com/wp-includes/functions.php on line 6170wp-migrate-db domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ltnext/eternoscampeones.acunaviera.com/wp-includes/functions.php on line 6170O cuando Lizardo Garrido le jugaba con el pie hacia atrás el balón al portero, y este podía tomarlo con las manos. Hoy, esa acción está penada.
«Fue lo mejor que hizo la FIFA, cambiar esa regla y poner la que existe. Porque le dio, primero, más dinámica al fútbol. Segundo, obligó al arquero a tener que utilizar ambas extremidades, los pies, y ser más parte del juego. Hoy el arquero tiene un aspecto súper importante en la creación del juego ofensivo», opina Morón. «Me parece bien ese tema de que hoy el arquero esté mucho más capacitado para resolver situaciones con los pies», añade.
Morón recuerda la Copa Chile 1994 en el Estadio Nacional, cuando Marcelo Salas le quitó el balón y le marcó un gol por Universidad de Chile. Para esa fecha, ya estaba prohibido tomar el balón cuando este le era cedido con el pie por un compañero.
«El avance que han tenido que tener todos los porteros, de jugar con ambas extremidades. Yo era la derecha. Y si me venía a la izquierda, acuérdate lo que me pasó con Salas. Y eso me pasó por no tener pierna izquierda. Porque lo engancho a él, la pelota me queda en la izquierda. Y cuando me aparece él… pah, gol», revive.
En 1991 los ganadores de partidos solo sumaban dos puntos pues recién en el Mundial de Estados Unidos 1994 se estableció el premio de tres puntos para los equipos vencedores, y en Chile comenzó en la temporada 1995.
También hace 30 años no existía la obligación del uso del apellido de los futbolistas en las camisetas en los partidos internacionales. Por lo general, el número de suplentes era de cinco jugadores (y no los siete que suelen estar en la actualidad) y rara vez se hacían los tres cambios que (al menos hasta antes de la pandemia) generalmente efectúan los entrenadores actuales.
De igual manera, el juez de línea que corría por la línea de la tribuna oficial portaba un banderín amarillo, mientras que quien lo hacía por el otro costado llevaba uno rojo. Ah, ni hablar del tablero electrónico para indicar los cambios: se utilizaba una paleta para cada número (por lo general, blanca con el número negro).
Otra costumbre perdida era la entrada a la cancha, en partidos internacionales, de los dos equipos por separado, lo que siempre derivaba en una intensa rechifla para los elencos visitantes: hoy deben ingresar juntos al campo.
Y fuera de la cancha, los hinchas debían comprar en boletería sus entradas mientras que hoy aquel trámite se realiza por internet. Y la televisión abierta dejó de tener hace ya varios años los derechos de transmisión de los torneos internacionales.
“El fútbol era más fuerte, era más a veces hasta más sucio. Si bien hoy uno puede decir que se magnifica un poco más, antes era sucio definitivamente. En algunos momentos muy violento. Yo creo que me tocó vivir parte del término de los 80 toda esta transformación que tuvo aspectos reglamentarios, médicos y aspectos de infraestructura, que fueron derivando en que el fútbol tuviera un upgrade, una mejora”, afirma Jaime Pizarro
En este sentido, las Copas Libertadores de antes también eran diferentes, según Raúl Ormeño. “En esos años, en los primeros minutos, las Copas Libertadores eran sanguinarias. No te echaban nunca para fuera, por más fuerte que fuera. En esos mismos años hay un jugador (Julián) Camino, que fracturó a Percy Rojas, un jugador peruano, y no lo echaron. No echaban a nadie (en los primeros minutos). Era diferente jugar Copa que campeonato nacional. No tan fuerte, pero agresivo”.

«Era mucho más brusco, más violento, más agresivo, había mucho más temperamento en aquel entonces que hoy en día. Y quizás hoy en día también lo hay. Pero se cuida al jugador porque hay muchas cámaras. Antes no había tantas cámaras. Antes tú podías hacer, entre comillas, de todo», añade Eduardo Vilches.
“Hoy en la Copa Libertadores los partidos son de guante blanco. Parecen en general —puede haber excepciones— partidos de colegio, partidos amistosos. La Copa Libertadores antes era dura, te pegaban. Y si uno lograba en un momento simular o exagerar, esa era una manera de protección porque la patada ¡te la pegaban! Y muchas veces los árbitros, sobre todo cuando jugabas afuera, no se atrevían a mostrar roja. Era difícil una tarjeta roja”, explica Patricio Yáñez.

«En esos años, en los primeros minutos, las Copas Libertadores eran sanguinarias. No te echaban nunca para afuera, por más fuerte que fuera» (Raúl Ormeño).
En cuanto a lo deportivo Daniel Morón afirma que, antaño, los equipos chilenos “por lo general siempre estábamos en segunda fase. Lo que nos costaba era pasarla”.
El Loro también hace un punto sobre la preparación física recordando que era “duro ir a jugar a Paraguay, por ejemplo, con el tema de la humedad, el calor. Duro ir a jugar a Ecuador, especialmente cuando ibas a jugar con Barcelona de Guayaquil. También, duro, porque te ponían en horario del mediodía con cuarenta y tantos grados, con una humedad del 40 y tantos por ciento. Era complicado. Y si no, te tocaba ir a la altura de Quito. Si bien para los chilenos es más accesible, no deja de ser una dificultad. Y antiguamente era mucho más. Hoy los parámetros físicos se han equiparado tanto que vos vas a jugar a Calama, lo que para nosotros era una dificultad, (ahora) los equipos van a Calama y pasan como si nada”.
El Lalo Vilches también se refiere a los entrenamientos: “Yo me acuerdo que en Magallanes nos hacían correr 30 minutos, 40 minutos, 1 hora, en la misma arena y métale. Ahora no. Ahora a lo mejor te hacen los mismos 40 minutos pero tramos cortos. 10-15-20 metros máxima velocidad, pausa, un minuto, 20 segundos, otra vez, vamos. Haces el mismo recorrido, pero a un ritmo de partido”.
Los ambientes hostiles que debieron enfrentar los equipos chilenos cuando jugaban partidos de Copa Libertadores en otros países eran otro tema recurrente de la época.
“Jugar afuera era un suplicio. Era muy complicado. Porque antes se hacían todas las artimañas habidas y por haber. Te cerraban los camarines, después dejaban el agua hirviendo, te ponían estufas en el verano, te prendían calefacción…todo lo que se podía hacer, lo que era indebido, se hacía. Y uno tenía que jugar en contra de todo. Aparte, la gente era complicada. Porque antes no te suspendían el estadio. Era más complejo que lo que pasa ahora: cualquier cosita te lo suspenden, te sacan los puntos. Antes no pasaba nada de eso”, describe Marcelo Barticciotto.
“Con Boca, en Buenos Aires armaron (en el hotel) una fiesta la noche anterior al partido. Llenaron de mujeres, de modelos… el ruido, el tránsito por los pasillos… eran todas provocaciones para tentarte, para no descansar. Y ahí, obviamente, estuvimos muy aferrados al tema disciplinario, para no caer en provocaciones, en nada”, narra Leonel Herrera.
Lizardo Garrido cuenta su versión: “Cuando llegamos al hotel a jugar con Boca, cenamos y había una cuestión llena de stands en un salón del Sheraton. Puras modelos en ropa interior. O sea… por supuesto terminamos de cenar y fuimos a ver. Y estábamos a esta distancia, que podías ver a la modelo con ropa interior. Y Mirko, la seguridad, y Marcelo Oyarzún, que andaban como con cuarenta ojos… yo no sé, estaría hablando demás si estaba a propósito. Lo único que tengo claro es que fue muy rápido que nos tuvimos que ir a las habitaciones. Al toque. Nos sacaron de un ala”.
Herrera retoma: “El día del partido vamos con escolta, nos sacaron cuatro horas del hotel, nos dan vuelta, nos entran por donde está la barra de Boca y ‘casualmente’ la patrulla que nos llevaba queda en pana y nosotros al medio. Nos movían el bus, nos tiraban cosas. Nos pidieron que cerráramos las cortinas y que nos echáramos en el piso para no tener algún percance”.
El delantero prosigue: “Me acuerdo que iba sentado con el Rambo (Marcelo Ramírez). Y en el asiento de adelante iba un dirigente. Nosotros abrimos un poquito (la cortina) para ver como estaba todo. Y este dirigente hace lo mismo: abre la cortina y un tipo abajo saca una pistola y lo apunta. Y el dirigente cierra la cortina, se tira debajo del asiento y nosotros lo mismo. Te podías esperar cualquier cosa. Ese era el ambiente en la previa de la llegada a La Bombonera”.
Ya en el partido en el estadio de Boca Juniors, Herrera cuenta que “te asomabas en la banca y tenías público encima, a medio metro. Los tipos orinaban en los vasos plásticos, se agachaban, y nos tiraban la orina hacia la banca. Nos escupían ¡te llegaba de todo! Realmente te hacían sentir la localía, la diferencia. Antes no tenías ‘mil’ cámaras como hoy. Se sentía la localía de los árbitros, que se cargaban a favor del anfitrión. Y todos esos obstáculos se fueron pasando”.

“Hoy en la Copa Libertadores los partidos son de guante blanco. Parecen en general —puede haber excepciones— partidos de colegio, partidos amistosos» (Patricio Yáñez)
También existía la presión psicológica reflejada en el slogan “La copa se mira pero no se toca”, promovido desde el Atlántico. De hecho, hasta antes de Colo Colo 1991, solo Atlético Nacional de Colombia en 1989 había sido el único campeón de América del Pacífico. “La presión es fuerte, la historia pesa en un momento determinado”, reconoce Rubén Martínez.
A ello, también se le sumaban los fracasos de los equipos chilenos en las finales anteriores: las dos que perdió Cobreloa en la década de los 80, la de Unión Española en 1975, y la que le fue arrebatada a Colo Colo en 1973 a manos de Independiente de Avellaneda, en una serie decisiva que estuvo marcada por los escandalosos arbitrajes favorables al cuadro argentino.
“Nosotros veíamos muy difícil esta situación de poder ganar una Copa Libertadores por los procesos que habíamos vivido anteriormente, en los 80 y 70 que, desafortunadamente, más allá de las cualidades técnicas o de lo que realmente podía importar (…) todo el mundo lo reconoce con el tiempo: que los arbitrajes nunca fueron parejos, que siempre había una especie de mano negra metida, sobre todo, a favor de los equipos uruguayos, paraguayos, argentinos; que en alguna medida manejaban la Conmebol, manejaban el arbitraje; y un montón de cosas que a nosotros no se nos daban, no la manejábamos ni tampoco caíamos en esa turbiedad”, reflexiona Luis Pérez.
El delantero incluso reconoce que en 1991 se hubiese podido perjudicar a Colo Colo: “En alguna medida, íbamos a pelear a mano limpia con los equipos, cosa que claramente los otros equipos no hacían. Había una cierta duda de que, en algún momento, podían bajarnos a nosotros por intereses, obviamente, muchos mayores para otros equipos. En lo económico, en lo deportivo… que, a lo mejor para la Conmebol u otra entidad, era mucho más importante que llegara Boca o Nacional u Olimpia a jugar a Tokio… eso era a lo mejor mucho más llamativo que fuera Colo Colo”. Afortunadamente, esto último no aconteció y los albos jugaron la Intercontinental contra Estrella Roja.
Patricio Yáñez adhiere: “¡Si antes te metían la mano en el bolsillo! Yo no había jugado Copa Libertadores, pero había estado en eliminatorias, en clasificatorias. Y yo sentí muchas veces como los árbitros te metían la mano en el bolsillo descaradamente”.
Las condiciones materiales para la práctica del fútbol también eran diferentes. El uso de los zapatos de fútbol es un buen ejemplo: “Muchos comprábamos un zapato que era más durable. Y después la forma, cuando se rompía el cuero, era llevarlo en aquella época a Soccer. Y en Soccer sacaban la planta y le inyectaban un nuevo cuero y vamos con el zapato de nuevo”, evoca Jaime Pizarro.
“Era distinto. De verdad, era otro contexto. Por supuesto, en aquella época que un jugador tuviera tres pares de zapatos debe haber sido contado con una mano. No era habitual, para nada”, añade el Kaiser.
“Muchos zapatos no teníamos tampoco. Jugábamos con Soccer, que era una fábrica chilena. Jugábamos con eso, que no eran los mejores zapatos. Eran pesados y todo, pero para esa época estaban buenos”, acota Marcelo Barticciotto.
Miguel Ramírez cuenta que “mis primeros zapatos de fútbol de calidad me los regalaron. Fue Óscar Rojas. Pero él calzaba 38 y yo calzaba 41, y los dedos me quedaban doblados, pero eran Adidas, eran (modelo) Copa Mundial. Eran tremendos zapatos y los usé igual. Y son cosas que a uno lo marcan. Nunca me voy a olvidar de esos Copa Mundial Adidas que me regaló Óscar Rojas, que eran de pepa y los ocupaba para jugar. Terminaba con los pies hecho mierda… ¡pero eran Adidas!».
En cuanto a la indumentaria, Pizarro recuerda que “los equipamientos eran los justos, los mismos clubes hacían todo el tema de la limpieza, y veías los colgadores con vendas, con poleras, con la ropa para el día siguiente. Muy rápido. Y si terminaba su uso en el plantel, pasaba inmediatamente a las series menores. Cuando estábamos en cadetes y llegaba la ropa del plantel, para nosotros era un lujo: era la ropa que usaron los jugadores del plantel y nos llegaba a nosotros. Era maravilloso. En ese aspecto, era muy amateur”.

Lizardo Garrido, compara cómo fue ser cadete en sus tiempos y los que hoy integran las divisiones inferiores en Colo Colo.
“Las comodidades que tienen hoy en día los chicos… hay varios que tienen auto y están en juvenil, y todavía no debutan. En cadetes hay un cuerpo de médico, sicólogo, asistente social, kinesiólogo, tienen la Casa Alba, de repente no están bien en una materia y Colo Colo le contrata profesores. En Colo Colo tenemos todo para que un chico se pueda desarrollar lo mejor posible”, dice el Chano.
También las aspiraciones de los cadetes eran diferentes, según acota el delantero Luis Pérez: “Hoy los chicos, con toda la publicidad que tiene el fútbol, con todos los referentes que tiene, con la globalización que ha tenido el fútbol a través del cable, donde ellos tienen la posibilidad de ver fútbol toda la semana, de darse cuenta el estilo de vida que tienen los grandes jugadores, lo que pueden llegar a ganar, sin duda es distinto a lo que nosotros vivíamos”.
“No teníamos el bombardeo de información que tienen los niños hoy del fútbol. Nosotros con suerte veíamos un partido que cada cierto tiempo lo transmitían, porque no había cable, internet… los partidos nacionales cada cierto tiempo se transmitía, cada cierto tiempo la selección. Lo que a nosotros nos movía, y siendo súper sincero, era jugar al fútbol en su momento. Yo jugué al fútbol porque lo disfrutaba, porque me gustaba”, agrega.
Y Miguel Ramírez, que debutó en 1988 en el primer equipo de Colo Colo, hace un paralelo con los futbolistas que debutan en sus primeros equipos en la actualidad: “Ahora hay mucha más tecnología, muchas más cosas a la mano, que ahora existen los representantes que al jugador joven que ve con proyección le regalan zapatos de 150-200 mil pesos… y de su talla, que le quedan bien, le regalan ropa. Es mucho más fácil para el jugador en estos años, a diferencia de los años anteriores”.
Los traspasos de futbolistas entre clubes profesionales también eran diferentes ya que muchos de ellos se gestaban entre dirigentes. Ese fue el caso de Luis Pérez, quien a través de una llamada de Jorge Vergara se enteró que Universidad Católica y Colo Colo ya tenían acordado su préstamo en 1991 a los albos.
“Los clubes, los dirigentes son los que en alguna medida manejaban tu situación laboral. No existía tampoco tan fuertemente el tema de los representantes. Tampoco. Eran escasos los jugadores que tenían representante, porque se veía que un jugador que tuviera representante era poco menos que Pelé o Maradona… entonces era verlo muy agrandado a un jugador que tuviera representante. Entonces, era muy escaso. Tampoco había personajes que se dedicaran tanto a eso en Chile. Por lo tanto uno dejaba esa situación de los traspasos más a los dirigentes. Y después, cuando tenían cerrado el sistema uno, cierto, entraba a hablar sus condiciones individuales de los contratos. Y si eran favorables, uno tenía la potestad de después aceptar todo lo que habían negociado los dirigentes”, relata Pérez.
«Eran muy pocos los jugadores que tenían representante. Muy poco. De un 100% de un equipo, ni siquiera llegábamos al 2% si es que llegábamos. Eran dos o tres jugadores», enfatiza Eduardo Vilches.
“El fútbol antiguo no es el mismo de lo que es ahora. Lo que se ganaba en ese entonces no es lo mismo que se gana ahora. En ese entonces no había tantas empresas haciendo publicidad. Hoy en día sí hay. En ese entonces, a lo mejor había un canal. No, hoy hay muchísimos canales, hay muchísimos ingresos. Por eso es que las comparaciones, desde mi punto de vista, no son iguales. No son prácticamente iguales”, advierte Eduardo Vilches.
En este sentido, el estilo de vida del jugador de antes también era diferente al actual. Un buen ejemplo de lo anterior es el automóvil. Porque si hoy en la actualidad un juvenil puede tener su vehículo incluso sin haber debutado en el primer equipo, hace varias décadas un futbolista profesional debía trabajar varios años para aspirar a tener uno. Y muchas veces, ni siquiera nuevo.
“El año 81, el diario La Tercera entregaba un auto al mejor jugador del campeonato. Y ese auto lo ganó Lizardo Garrido. Y Lizardo… era un auto imposible. Lizardo es enorme y el auto es pequeño. Se lo vendió a Jaime Vera, que era compañero. Jaime lo usó dos años y me lo vendió a mí. Ese fue mi primer auto”, cuenta Jaime Pizarro.
“Yo no pensaba en comprarme un auto. No pensaba en muchas cuestiones que hoy los chicos piensan a lo mejor. Comprábamos nosotros los zapatos de fútbol. Y en Quillota no habían, los traían desde Santiago. Esa era la realidad”, recuerda Patricio Yáñez sobre sus inicios en San Luis.
«El 91 entero lo viajé. No tenía auto”, confidencia Gabriel Mendoza. De hecho, el Coca, que viajaba desde Graneros a Santiago para entrenar en Macul, tuvo otras prioridades antes de adquirir un vehículo: “Una de las cosas que se conversaba, y que soñaba, se conversaba en Familia, era que antes de tener auto, era casa pa’ mí, pa’ mi familia y pa mi mamá. Y fue lo primero que hice”.
“El primer año viajé en bus. Juan Carlos Peralta me esperaba en Departamental en su Renault 12 blanco. Y me esperaba y me dejaba en el estadio. Y de vuelta, el cabezón (Javier) Margas me dejaba en el Cementerio Metropolitano para tomar el bus de vuelta», agrega.
“Yo tenía un Renault 12, donde esperaba al Coca. Yo era el chofer del Coca”, confirma Peralta, cuyo vehículo fue un pequeño lujo dado que en Colo Colo tenía un contrato de cadetes: “yo ganaba 50 mil pesos mensuales”.
Otro reflejo del estilo de vida de la época es el de Leonel Herrera, quien cuando anotó el 3-0 ante Olimpia: “Yo vivía con mis papás en ese momento”.
En tanto, Miguel Ramírez cuenta cuánto fue y qué hizo con su primer sueldo: “Lo firmé 1988. Yo estaba en tercero medio. Y mi primer contrato fueron 20 mil pesos, que a la fecha deben ser 170 (mil). Era poco, pero de no tener nada, de que mi papá me daba 50 pesos para la micro y yo me las ahorraba subiéndome por atrás para tener eso, para comprarme un sandwich en el colegio y comer algo después de entrenamiento y tener 20 mil pesos… ¿Qué hice con mis primeros 20 mil pesos? compré azulejos, una buena taza de baño, un lavamanos y lo cambiamos. Aporté para la casa donde vivía con mis padres”.
“Al otro sueldo —prosigue Cheíto— pude comprar un televisor en colores, porque teníamos un televisor en blanco y negro, de esos con tubito que se le cortaba el pelito de cobre. Después, una videocasetera cuando se veía por betamax. Y fui ayudando a mi papá y devolviendo la mano de todo el sacrificio y del trabajo de ellos dos. Para mí, mi primer sueldo fue lo mejor que me pudo haber pasado”.

«El primer año viajé en bus. Peralta me esperaba en Departamental en su Renault 12 blanco. Y me esperaba y me dejaba en el estadio. Y de vuelta, el cabezón (Javier) Margas me dejaba en el Cementerio Metropolitano para tomar el bus de vuelta» (Gabriel Mendoza)
“Los chicos ahora valoran menos las cosas porque tienen más acceso a todo, es mucho más fácil ahora comprar, no sé, desde… yo me acuerdo que en mi casa no podían comprar bebida. Comprábamos los fines de semana, y era un lujo tomar una bebida. Yo iba a la casa de mi abuela y mis tíos que vivían ahí, y que tenían una situación económica mejor que nosotros, compraban cajas de bebidas, y yo me empachaba tomando bebida el fin de semana. Como un lujo. Nosotros tomábamos agua en la comida. Y ahora el acceso a todas esas cosas es como normal: comprarse un auto cuando tienen 17 años, a tener un mejor celular. Yo no tenía ni para comprarme zapatillas. Yo me quería comprar un jeans y mamá me decía que tenía que esperar que cobrara papá porque no tenía plata. Entonces, uno valora más las cosas. Ahora hay más acceso, mucho más fácil, los chicos valoran menos. Y eso no está bien. Yo trato siempre de hablar con Bruno (jugador de Palestino), mi hijo. Bruno es más de valorar y tiene sentido de pertenencia, porque en definitiva trato de frenarlo un poco. Siempre trato de frenarlo, de que valore un poco más las cosas. Cuesta más, porque él vive en un entorno donde no se valora”, reflexiona Marcelo Barticciotto.
En los tiempos actuales, y con la seducción económica, Europa es un destino que hoy es mucho más accesible que hace tres decenios. “Hoy la permanencia de un jugador en cualquier club es menor. Hay mayor rotación. En los 80 o en los 90 existía el cupo de extranjeros limitado para ir a jugar a Europa, entonces era más difícil. Hoy en día es más fácil ir a jugar a Europa, a las distintas ligas”, dice Marcelo Ramírez.
Y esto último, plantea el Rambo, tiene consecuencias: que los planteles actuales no se consolidan en el tiempo ni tampoco tienen los grandes referentes de antaño: “Uno analiza en los equipos de primera división o de Primera B, te diría el 50% de los equipos, en que termina el año y salen 15 jugadores, y después vienen otros 15 jugadores. Entonces, son muy pocas las opciones de generar estas místicas especiales que se generaban antes, en que había líderes que venían por años, que mostraban el camino a seguir para estar en esa institución, en que en los momentos de tormenta —ya sea con la prensa, con la hinchada, con los directivos— eran los que ponían la calma, eran los que llevaban la palabra y los que eran escuchados dentro de un camarín. Hoy eso, entiendo, que se ha perdido, por lo mismo: porque los planteles duran muy poco juntos”.
“Ese plantel (Colo Colo campeón de América 1991) venía junto desde el 86. Fueron cinco-seis años juntos en ese plantel viviendo cosas importantes. Se iban incrustando jugadores, pero para potenciar. No era que se vendieran jugadores y el equipo se despotenciara. No. Se mantenían los importantes, los más capaces, y a esos se les iban incrustando jugadores. Así llegó el Pato Yáñez, el Negro Salgado, Rubén Martínez, el Coca… a potenciar el equipo”, sostiene Ramírez.
Sobre el punto, Barticcioto comenta: “Era muy difícil llegar a Europa. Eran dos extranjeros. Era muy difícil. Y antes, primero compraban a los mejores y después los pagaban muy caros. Ahora compran a un chico que hace tres goles y lo pagan barato, porque terminan pagando un millón de dólares, que para los europeos no es nada. Y después si no juega, no importa, porque lo prestan”.
“Se van jugadores que no están consolidados ni que hayan jugado tanto tiempo, que ni salieron campeones. Los clubes compran. Y si no jugó bien allá en el club, lo prestan para recuperar el dinero. Antes, de última, arriesgaban y apostaban por los mejores”, complementa.
]]>Patricio Aylwin asumió como presidente de la república el 11 de marzo de 1990. Ese día, el abanderado de la Democracia Cristiana (que en las presidenciales de 1989 venció a Hernán Büchi y a Francisco Javier Errázuriz) se puso la banda presidencial que había portado Augusto Pinochet, quien se mantuvo como comandante en jefe del Ejército hasta 1998.
Las tensiones no fueron aisladas entre el mundo civil y militar. El 19 de marzo de 1990, el brigadier general Carlos Parera inició el desfile de la Gran Parada Militar sin pedir la autorización al presidente Aylwin, presente en las tribunas. Parera fue dado de baja al año siguiente.
Exactamente tres meses más tarde, el 19 de diciembre de 1990, Pinochet ordenó un acuartelamiento de tropas que se extendió hasta altas horas de la noche. Desde el Ejército se hablaría de un “ejercicio de enlace”, el que ocurrió cuando en la prensa se filtró el denominado Caso Pinocheques, que tuvo como responsables al propio general y a su hijo Augusto Pinochet Hiriart. El 28 de mayo de 1993, con la reapertura del caso, Pinochet se reunió en el edificio de las Fuerzas Armadas, distante a unos 200 metros de La Moneda, con oficiales del Ejército vestidos con tenida de combate. Y por las boinas negras utilizadas, el episodio que tensionó a la democracia se conoció como “boinazo”. En ambas ocasiones, el objetivo de Pinochet era presionar a La Moneda para evitar que se siguiera juicio por el caso.
El año 1991 se inició noticiosamente el 8 de febrero cuando Aylwin recibió el Informe Rettig, en el cual se detallaron 3.550 denuncias de violaciones a los derechos humanos cometidas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990.

Y poco tiempo antes de la final de la Copa Libertadores 1991, que se jugó el 5 de junio de ese año, el país se convulsionó con el asesinato de Jaime Guzmán la tarde del 1 de abril. Ese día, un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez acribilló al senador de la UDI en el exterior del campus oriente de la Pontificia Universidad Católica. El hecho copó los minutos de los noticiarios y acaparó las portadas de los diarios.

Con este telón de fondo, Colo Colo encaró la Copa Libertadores 1991. A medida que los albos iban avanzando de fase, el país dejó las diferencias y se unió para apoyar al equipo de Mirko Jozic. Por un momento, el país pareció estar menos convulsionado.
“Este equipo unió a parlamentarios de izquierda, de derecha, que nos acompañaron a la final”, revive Daniel Morón. De hecho, políticos de diversos colores viajaron en un chárter a Asunción para el juego de ida ante Olimpia, y en la vuelta se hicieron presentes en el Monumental.
«No solo políticos de varios sectores, sino hinchas de gente que estaba en el gobierno que eran de la U, de Católica», acota Rubén Martínez.
Este equipo unió a parlamentarios de izquierda, de derecha, que nos acompañaron a la final
Daniel Morón
Incluso fanáticos de otros clubes apoyaron al Cacique: «Sentíamos que no jugábamos solamente con la camiseta de Colo Colo. Sabíamos que teníamos un respaldo de todo un país detrás de nosotros. Eso se hacía sentir, se notaba que no solo el hincha de Colo Colo estaba pendiente de lo que venía el miércoles o al miércoles siguiente, si pasábamos a la final o no», complementa el Loro Morón.
«Yo creo que el país necesitaba un golpe así de festejo, de algo así que fuera soltarse de todas estas amarras que provoca haber vivido como se vivió en esos años, y la gente se volvió loca. De hecho, hubo excesos en los espejos, hubo gente que murió, lo cual te refleja de cuál fue el nivel de connotación que tuvo este triunfo», reflexiona el arquero albo de 1991.
Patricio Yáñez ahonda en este punto: “Yo creo que ese Colo Colo interpretó fielmente lo que pedía el país poh, lo que había conseguido un par de años antes al término de la dictadura. Llega la democracia y la gente comienza: ‘bueno, queremos… avancemos poh. Y una de las maneras de avanzar era el fútbol. Y en el fútbol, una de las tareas pendientes de Chile había sido la Copa Libertadores”.
“Yo estuve en la U y hubo amigos que vibraron con la Copa, tienen fotos con la Copa y hasta el día de hoy son hinchas de la U”, agrega el Pato.
Gabriel Mendoza sostiene que “este Colo Colo 1991 marco historia no solo en lo deportivo, sino que en lo nacional” pues “unió a todo un país. Ese Colo Colo nos hacía feliz a todos los chilenos. Porque fue un período de transición bastante fuerte, se venía saliendo de una dictadura. Y Colo Colo fue dando cada mes alegrías más importantes”.

“La marraquetita se iba a sentir, y el tecito se iba a sentir… Para muchos chilenos fue un bálsamo”.
«Leías la prensa, en ese tiempo de papel, todos los periódicos, y de repente nuestros triunfos hacían tapar muchas cosas de lo social. Que a lo mejor estaba sufriendo mucha gente quizás, y que quizás nosotros desde nuestra postura (…) estábamos dando una alegría a esa gente. Por eso había mucho respeto”, reflexiona Rubén Martínez, según quien la Copa Libertadores de 1991 “hizo ver un Chile distinto. Como todos decían, que la marraquetita se iba a sentir, y el tecito se iba a sentir… Para muchos chilenos fue un bálsamo”.
El sociólogo Eugenio Tironi expone el contexto en que Colo Colo ganó la Copa Libertadores: “Estaba Pinochet como comandante en jefe del Ejército; teníamos un gobierno civil pero que tenía un control bastante precario sobre las fuerzas armadas; un parlamento dominado por la derecha, por las fuerzas más conservadoras, con senadores designados, sistema binominal; teníamos una situación económica muy frágil porque, a raíz del triunfo del No en el plebiscito y la asunción de Aylwin, comenzó una suerte de ‘corrida’, de que esta iba a ser una nueva Cuba, una nueva Unión Soviética que en ese entonces recién estaba muriendo y, por tanto, se temía una crisis económica. Había también mucha tensión porque se pensaba que las demandas sociales iban a estallar y que eso iba a traducirse en tomas de terreno, eventualmente en problemas laborales en las empresas”.
Por lo anterior, “esto mismo contribuía a que la población —de todo, de capitán a paje—, fuéramos cautos en nuestras expectativas, cautos en nuestras conductas, en nuestras demandas, y que, claro, que esto lo viviéramos con mucha parsimonia”.
En este sentido, “no hay ninguna duda que este triunfo deportivo —digamos el triunfo de Colo Colo, que es el equipo de todos—, dio lugar a un alivio, una satisfacción… era la coronación de la recuperación de la democracia”.
“Y lo de Colo Colo ratificó un cierto —-para decirlo o llamarlo con prudencia— chovinismo, un cierto orgullo también contenido de que habíamos sacado a Pinochet, de que lo habíamos derrotado, que estábamos haciendo una transición pacífica, que habíamos logrado controlar el cólera… recuerdo que el lema del gobierno en ese entonces fue que en Chile podemos controlar el cólera, hablando precisamente a este orgullo. Entonces, que Colo Colo triunfara en la Copa Libertadores de América era como la coronación de eso”, cierra.
Si hoy algún equipo chileno disputara la final de la Copa Libertadores, lo más probable es que los jugadores reciban mensajes de apoyo a través de las redes sociales, ya sean Facebook, Instagram, Twitter o Whatsapp. Pero en 1991, las muestras de respaldo eran diferentes. “Hemos recibido fax, llamadas, télex”, decía Patricio Yáñez a Canal 13 en las afueras del camarín de Colo Colo mientras sus compañeros se preparaban para la vuelta de la final de la Copa Libertadores ante Olimpia. El Pato, recordemos, estaba descartado por lesión.
Si las comunicaciones hace 30 años eran diferentes, también lo eran distintos aspectos de la vida de un Chile que se hallaba en plena transición, tras la vuelta a la democracia que, por esos momentos, parecía tener algún grado de tensión.
A propósito de Lan Chile, aquella era la tradicional marca de la aerolínea que posteriormente se denominó LAN, mientras que a partir de 2005 opera como LATAM tras la fusión con la brasileña TAM. Otra aerolínea emblemática de la época era Ladeco (adquirida por Lan Chile en 1994 y cuyo cese de marca fue en 1998).
Y ya que se han mencionado marcas, otra emblemática de la época fue CTC que, precisamente, en 1991 pasó de llamarse Compañía de Teléfonos de Chile a Compañía de Telecomunicaciones de Chile. La empresa fue adquirida por capitales españoles del grupo Movistar, el nombre con el que se conoce en la actualidad.
En el rubro de las telecomunicaciones, otras marcas eran Publifax y Todofax. Y, por supuesto, Télex Chile.
Colo Colo fue campeón de la Copa Libertadores cuando el pianista Claudio Arrau todavía estaba vivo pues el músico falleció el 9 de junio de 1991 en Austria, a la edad de 88 años. Aquella muerte estremeció a un país que pagaba con billetes de 500 pesos, que aspiraba a tener un primer auto marca Lada (en ese tiempo, los vehículos no estaban obligados a tener una tercera luz de freno), que escuchaba los partidos del fútbol chileno en radios en Amplitud Modulada como la Cooperativa, Agricultura, Chilena, Minería, Portales, Monumental, Nacional pues la Frecuencia Modulada estaba reservada para la música.
Además, estas emisoras, probablemente, eran escuchadas al interior de los microbuses multicolores que circulaban por las principales calles de Santiago. A propósito, la tarifa de estos buses ascendía a 80 pesos los adultos y 30 pesos los escolares. Y en el caso del Metro, el boleto adulto valía 70 pesos.

Otro hecho de la época: en esos años, no existía la obligación de que los vehículos motorizados portaran la tercera luz trasera de frenos.
¿Cuánto valía el dólar el 5 de junio de 1991? Para esa fecha, el dólar observado equivalía a 342,89 pesos chilenos. Y un peso de la época equivale a unos 4,11 pesos de 2021.
El 24 de febrero de 1991, Estados Unidos inició una ofensiva terrestre contra Irak, en el contexto de la Guerra del Golfo Pérsico, con el mayor ataque registrado desde la Segunda Guerra Mundial, y tres días más tarde el ejército iraquí decidió retirarse. El 3 de marzo, Irak aceptó las condiciones para rendirse: restitución de la soberanía de Kuwait y acatamiento de las sanciones de la ONU. Con ello, se puso fin oficialmente a la Guerra del Golfo Pérsico.
Al momento en que Colo Colo ganó la Copa Libertadores, aún existía la Unión Soviética pues recién el 25 de diciembre de 1991 Mijaíl Gorbachov la declaró disuelta, lo que puso fin a la Guerra Fría. Boris Yelstin había asumido como presidente de la Federación Rusa el 10 de julio de 1991 y ocupó el cargo hasta 1999.
Colo Colo dio la vuelta olímpica cuando en Colombia el narcotraficante Pablo Escobar aún se encontraba vivo pero no libre, pues el 19 de junio se entregó a las autoridades… claro que desde la Cárcel La Catedral continuó con el negocio del narcotráfico.
Y cuando Mirko Jozic conquistó América, Croacia aún no declaraba su independencia unilateral de Yugoslavia pues ello sucedió el 25 de junio de 1991.
En el ámbito musical, los albos dieron la vuelta olímpica cuando Freddie Mercury, vocalista de Queen, aún estaba vivo pues falleció el 24 de noviembre de 1991.
]]>“Cuando llegué, Colo Colo estaba jugando octavos de final de la Copa Libertadores 1988 y yo no podía jugar hasta semifinal porque recién me habían inscrito. Contra Oriente Petrolero me llevaron para que estuviera con el grupo. Casi me desmayé en La Paz porque me hizo pésimo la altura. Colo Colo perdió 2-1 allá, con un gol de Raúl Ormeño, y vinimos acá, al Estadio Nacional. Yo de afuera, 70 mil personas, y empatamos 0-0. Estábamos últimos en el campeonato y quedamos afuera en octavos de final con Oriente Petrolero. Nos querían matar a todos. A Arturo Salah no lo dejaban salir del estadio. Fue un tema muy complicado. Yo decía: ‘¿Adónde me metí?”. Me habían dicho que el equipo salía siempre campeón y estábamos últimos y el equipo con la gente no se llevaba muy bien”, rememora Barticciotto, quien hasta antes de arribar a los albos había debutado profesionalmente en Huracán de Buenos Aires.
Tras el empate en Ñuñoa ante los bolivianos, “no pudimos salir del Estadio Nacional hasta las 2 de la mañana porque a Arturo Salah le tiraban piedras al auto. Y yo dije: ‘¿Adónde me metí?’ Bueno, y Arturo quería renunciar. Y nosotros fuimos a su casa a pedirle que no renunciara, que se quedara. Se terminó quedando, el equipo empezó a remontar”.
“Yo en los cinco primeros partidos fui un desastre. Claro, me tenía que adaptar y me vio Arturo, me vio preocupado y me preguntó qué me pasaba. Le dije que no andaba bien, que no había hecho goles. Y él me dijo que no me trajo para que hiciera goles y que para que hagan goles están otros. ‘Usted juegue tranquilo’. Eso me dio mucha confianza”, añade.
Luego de ello, Barticciotto anotó su primer gol en Valdivia ante el elenco local, en un partido que terminó 1-0 a favor de Colo Colo: “Y ahí como que me dio confianza, empecé a andar bien y el equipo empezó a despegar. El 88 terminamos en la liguilla de la Copa Libertadores y le ganamos la final a Iquique. Y bueno, fue ese año que fuimos a la Libertadores que quedamos afuera en la fase de grupos con el arreglo entre Olimpia y Sol de América”.
Como es sabido, en la última fecha del grupo 1 de la Copa Libertadores de 1989, Colo Colo y Cobreloa empataron 2-2 en Calama. A esa misma hora, en Paraguay jugaban Olimpia y Sol de América, pero en Asunción el partido se suspendió por un controvertido corte de luz. Y al día siguiente, se dio el único resultado posible que eliminaba a Colo Colo y que clasificaba a ambos cuadros guaraníes: victoria 5-4 de Sol de América. Tras ello, Barticciotto relata que “me acuerdo que nos juntamos con Daniel (Morón) y con el Flaco Dabrowski, porque vivíamos en el mismo edificio. Nos queríamos morir. Esa fue la primera frustración, pero para mí era la primera Copa Libertadores y fue importante jugarla”.

Los primeros meses de Marcelo Barticciotto en Colo Colo también fueron complicados por los afectos que dejó al otro lado de la cordillera. Por ello, Barti le comunicó a Salah que quería volver a Argentina. Pero el entrenador detuvo la intención por medio de una decisión particular: autorizó que Alejandro Barticciotto acompañase a su hermano en las concentraciones con los albos.
“Un día jugábamos un amistoso contra Ferroviarios, y Arturo Salah lo puso. Mi hermano jugaba bien. Fue uno más del plantel. Fue muy querido. Todavía los muchachos lo quieren mucho, y él vivió una experiencia maravillosa porque yo creo que él hubiese soñado jugar al fútbol más que yo. Era fanático, le encantaba el fútbol, ama el fútbol y no jugó profesionalmente”, remata.
¿Y qué pasó con Alejandro Barticciotto al momento en que asumió Jozic la banca colocolina? “Cuando llegó Mirko, él ya no estaba. Había empezado a trabajar en otra cosa. Igual iba a los entrenamientos, pero ya no entrenaba. Iba a los partidos porque los muchachos lo querían mucho”, cierra Barti.
]]>“Para mí es un tema muy especial. Porque decía, yo soy muy científico para mis cosas, entonces me cuesta a veces pensar en que alguien me pueda decir algo que va a pasar con tal anticipación y con tal certeza”, relata Pizarro.
“Fui invitado a un matinal. Y mientras esperaba hacer ingreso al set para la conversación, ella estaba adentro. Y termina su conversación, hacen una pausa, ella sale, yo me levanto para ingresar, y nos encontramos. Me dice ‘Jaime ¿cómo estás? ‘Muy bien’, le digo. ‘Necesito urgente conversar con usted’. Claro, le digo yo, no hay problema. Y me entrega ella una tarjeta. Me dice ‘por favor llámeme hoy día’. Perfecto, con mucho gusto”, recuerda.
Pizarro prosigue: “Yo entré al matinal, me fui a la actividad, al entrenamiento, y hablando con Lizardo (Garrido) le digo ‘Chano, ¿sabes qué me pasó?’ y le cuento. Entonces, bueno, la llamo, me dice que ‘los espero mañana a comer en mi casa. Por favor vengan mañana’. Ok. Fuimos con el Chano, él me acompañó. Perfecto, nos atendió maravillosamente, y en un momento nos dice ‘bueno, hay dos cosas que les tengo que decir. Una buena y una mala’. Nosotros le dijomos que ‘partamos al tiro por la buena’. Para malas noticias mejor nos quedamos en el estadio”.
Y esta era la noticia buena que les tenía Yolanda Sultana según cuenta el Kaiser: “Entonces me dice ‘la buena noticia es que van a ser campeones de la Copa Libertadores’. Estamos hablando enero de 1991. Todavía ni empezábamos a jugar. Entonces, nosotros evidentemente nos miramos (con Garrido). Bueno, ¿y qué hay que hacer? ‘Ustedes tienen que seguir haciendo lo que están haciendo y exigirse para cumplir su objetivo. Pero esto es así, ustedes van a ser campeones de la Copa Libertadores’”.
“Después nos dio la mala noticia de que efectivamente, y lastimosamente se cumple, pero bueno…”, narra Pizarro.

Ahondando en el recuerdo de la predicción de Yolanda Sultana, Lizardo Garrido revive: “Medio loco eso. Sí, porque fui con Jaime. Y ella… también ocurrieron cosas raras, porque una vez fuimos con nuestras mujeres y esta persona se dio cuenta que mi esposa no creía en nada. Y lo dijo, delante de ella: ‘Tú no crees en nada’. ¿Y cómo sabe? Sí, fue una experiencia fuerte, pero también nos dijo que la íbamos a ganar, que íbamos a tener problemas de índole familiar. Y bueno: resultó. Resultaron las dos cosas, porque ganamos la Copa y parte importante de este grupo se separó. Dijo que muchos de nosotros nos íbamos a separar”.
Prosigue el Chano. «En el fondo nos quiso decir ella de que estuviéramos tranquilos, de que teníamos que hacer todo lo que había que hacer, que nos concentráramos, que iba a ser difícil el proceso, pero que iba a ser exitoso. Ella creía que íbamos a ganar la Copa Libertadores. Pero tenía una mala. Y la mala era esa, que muchos compañeros nuestros se iban a separar, en su vida particular. Y bueno, al cabo de unos años… más de la mitad».
Luego de la visita a la casa de Yolanda Sultana, Colo Colo inició la Copa Libertadores 1991 y comenzó a pasar de ronda, hasta que llegó el partido de vuelta de octavos de final contra Universitario de Lima, “que pasamos, en buen chileno, pegamos en el palo, porque fue un partido, muy apretado, muy duro y que Daniel (Morón) tiene una intervención en la hora: tapa un cabezazo de Balán González en el arco sur, abajo, a la derecha, que nos dejó helados a todos”, cuenta Pizarro.
“Pasó ese partido y la llamamos. ¿Podemos ir a verla? ‘Sí, claro’. la fuimos a ver. Creo que nos entró el escepticismo de que esto ¿Será verdad? ¿Seguirá siendo así? ‘Ustedes no se preocupen, si ya se los dije y efectivamente así es’. Nos hizo unos regalos, muy cariñosa. Y nos fuimos”, rememoró el capitán de 1991.
Luego de que Colo Colo ganase la Copa Libertadores, vino la disputa de varios trofeos internacionales. “Íbamos a jugar la final de la Recopa en Japón. Salimos del estadio, y el bus (toma) Vicuña Mackenna, la Alameda, y cuando vamos bajando por Alameda, justo frente a su casa, está ella parada en la mitad de la calle. Donde está su consultorio. Se subió al bus y nos dejó hasta el aeropuerto”.
“Se subió al bus porque entre otras cosas, que no era algo nada habitual, nosotros a algunos le habíamos comentado lo que había pasado antes. Entonces cuando ella estaba ahí y vamos a jugar una final y está ahí, y… ‘¿se puede subir al bus?’ que suba. Subió, nos despidió en el aeropuerto, ‘a ustedes les va a ir muy bien y van a ganar’. Fuimos a Japón, pasó lo que pasó, la historia es conocida (triunfo por penales contra Cruzeiro, con la última ejecución del Kaiser) y es algo que en realidad nosotros nos seguimos acordando con un par que sabía esta historia. Porque uno no anda con estas historias para arriba y para abajo contándolas. Pero efectivamente así fue esa historia”, subraya Pizarro.
¿Y qué dice la tarotista sobre tamaño relato? “Todo lo que usted me está diciendo, es cierto”, responde Sultana al ser consultada por lo contado por Pizarro y Garrido. “Yo fui la madrina de Colo Colo. Yo soy de la familia de Colo Colo”, cerró la Tía Yoli.
]]>“Bielsa estuvo dos semanas, inmediatamente después de la Copa viendo a Mirko. Le pidió a Jorge Vergara que los contactara. Quería conocerlo, conversar con él. Dialogaban en el estadio. A mí, me correspondió trasladarlo por Santiago. Mirko lo recibió en su casa. Marcelo vino con su señora. Ya era especialmente dado al orden y la limpieza en todo”, reveló Marcelo Oyarzún a El Deportivo de La Tercera en junio de 2016.
Sin embargo, meses antes de que Colo Colo conquistara América, Jozic y Bielsa —los entrenadores extranjeros más influyentes en el fútbol chileno— se enfrentaron en un partido amistoso que se disputó en Mendoza.
Jozic y Bielsa se enfrentaron el 10 de febrero de 1991, en el amistoso entre Newell’s Old Boys y Colo Colo que se disputó en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza. Ambos cuadros eran los campeones vigentes de sus respectivas ligas.
El partido culminó con el marcador 1-1, gracias a las anotaciones de Ariel Boldrini (20’) para los rosarinos, y de Rubén Espinoza (64’) para el Cacique.
Este amistoso fue el que cerró la Copa Racimo de Oro, un triangular que además tuvo la participación del local Independiente de Rivadavia.
A juicio de Danilo Díaz, periodista que en 1991 cubrió la Copa Libertadores para La Tercera, el desempeño de Colo Colo ante Newell’s fue un indicio de que el Cacique estaba en condiciones de pelear a nivel continental.
“Colo Colo le ganó a Independiente de Rivadavia, después empató con Newell’s, y Newell’s se quedó con el título por diferencia de goles, pero ahí a uno le dio la sensación que el equipo estaba para hacer algo más porque ese Newell’s de Bielsa era un equipazo. Y se jugó a un ritmo durísimo, intenso, que no te regalaba nada. Y Colo Colo compitió, y de buena manera”, cuenta Díaz.
Aquel Newell’s contó con jugadores de la talla de Fernando Gamboa, Eduardo Berizzo y Gerardo Martino. Y en Colo Colo, en este partido debutó Patricio Yáñez con la camiseta alba: ingresó a los 55’ por Sergio Verdimare. El Pato ocupó la camiseta 16.
Este partido entre Newell’s y Colo Colo fue transmitido por Canal 13. En la antesala, el reportero de cancha, Antonio Neme, preguntó a un joven Bielsa (de 34 años para esa fecha) por su opinión de los albos: “La mejor porque el fútbol chileno es cada vez más reconocido a nivel sudamericano se expresa, en este caso, a través de su campeón con todas las particularidades. Creo que sacó muchos puntos de diferencia (Colo Colo obtuvo 46 puntos versus los 38 del segundo Universidad Católica; cabe recordar que en ese tiempo el ganador sumaba dos unidades) y tiene casi la base del seleccionado chileno. Para nosotros jugar contra este equipo es un orgullo”, contestó el Loco.
“Esta noche nos enfrentamos con un gran plantel, el mejor plantel de Argentina”, había dicho Jozic en la misma transmisión minutos antes del pitazo inicial.
Después de la Copa Libertadores que Colo Colo ganó en 1991, ambos elencos se toparon en la edición copera 1992. En ella, Newell’s ganó 3-1en Rosario, mientras que en Santiago el marcador fue 1-1.
Tiempo más tarde, Mirko Jozic y Marcelo Bielsa fueron entrenadores de la Selección Chilena. El croata asumió la banca chilena entre 1994 y 1995, mientras que Bielsa lo hizo entre 2007 y 2011.
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