acf domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ltnext/eternoscampeones.acunaviera.com/wp-includes/functions.php on line 6170wp-migrate-db domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ltnext/eternoscampeones.acunaviera.com/wp-includes/functions.php on line 6170A 30 años de la Copa Libertadores que ganó Colo Colo, Puntete publicó Colo Colo 1991, la Copa se mira y se toca. Se trata de una serie de relatos sobre la mayor gesta de un equipo chileno a nivel internacional.
“Escribir de Colo Colo y precisamente de la Libertadores del 91 fue todo un desafío. Yo nací en enero de ese año, y el 100% de mi investigación fue de un acontecimiento que no viví. Las conversaciones con amigos y familiares que estuvieron en el estadio o que recuerdan esos meses de Copa fueron esenciales. También horas de video, recortes de diarios, análisis de estadísticas, lectura de crónicas y anécdotas. Todo contribuyó a que el libro fuera una invitación a viajar por la campaña más gloriosa de un equipo chileno en el emblemático torneo. Además, me permitió confirmar que este triunfo trascendió la camiseta de Colo Colo, porque la Copa Libertadores está en la vitrina del Estadio Monumental, pero es un triunfo que le pertenece a todo Chile. Y eso, va más allá del tiempo. El hito de la Libertadores de 1991 fue, es y será uno de los momentos más importante que ha tenido Chile en su historia. Y escribir sobre eso, fue sencillamente sublime”, comenta Puntete.
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El reconocido escritor Axel Pickett publicó Caciques, el largo camino de Colo Colo para ganar la Copa Libertadores de 1991 con los testimonios de Lizardo Garrido, Raúl Ormeño y Jaime Pizarro. La publicación coincidió con los 25 años del hito deportivo, y recorre el camino entre la polémica final perdida en 1973 y la que se ganó en 1991.
Con motivo de los 30 años, la editorial Cinco Ases puso a la venta una edición especial con motivo del 30° aniversario. Puedes consultar en contacto@cincoases.cl.

Álvaro Campos es el autor de 91, un libro que contiene una serie de dibujos que repasan diversos aspectos iconográficos de la campaña de Colo Colo en la Copa Libertadores de 1991. El trabajo fue publicado por Gol Triste Ediciones, nombre que no es casual: alude al gol que Marcelo Barticciotto le anotó a Universidad Católica y que no celebró. El libro se publicó a 25 años del logro colocolino.
“Lo pensamos primero como un proyecto fotográfico. En la editorial Gol Triste queríamos rescatar la memoria emotiva que nace a partir de los objetos. Hay un relato futbolístico que ya sentíamos que estaba presente en todo el material disponible, pero nos queríamos centrar en cómo cambian las cosas sin que uno se dé cuenta de que cambian. El presente es presente y deja de serlo sin que uno se dé cuenta porque viene el futuro. Uno le pone atención al presente, pero no al presente que deja de convertirse en presente para convertirse en pasado. Eso significa que uno se fija en el marcador nuevo, pero no pone atención en que el marcador viejo pasa a ser inmediatamente parte de la nostalgia. Y cuando cambian las bancas, el estadio, la forma en que se señalizan los cambios, cuando aparecen los zapatos blancos, no nos damos cuenta cuando de repente pasan a ser parte de la memoria emotiva de millones de personas”, explica Campos.
Puedes adquirir un ejemplar en Librería Proyección; Librería Lolita; Tienda Alba; Tienda Dale Albo y Tienda Albomanía.

Hombres de blanco: la historia íntima de Colo Colo campeón de América (2006) es un trabajo de 236 páginas que narra las historias y las vivencias detrás de la campaña del Cacique en la Copa Libertadores de 1991. Es el primer libro que trata con profundidad el máximo logro a nivel de clubes del fútbol chileno. Su autor es el periodista Ignacio Pérez Tuesta, quien publicó la obra a 15 años de la hazaña. Este año se lanzará una edición especial con motivo de los 30 años.
Origen de una pasión: los albos y las claves de su popularidad es el título del trabajo editorial del periodista Roberto Guidotti, en el que entrega las razones por las que Colo Colo es mucho más que un simple equipo de fútbol. Ciertamente, la Copa Libertadores de 1991 está analizada en dicha perspectiva. Publica Editorial Forja.

Jaime Pizarro, el mismo que años atrás había levantado la Copa Libertadores 1991, fue el entrenador de aquel equipo de Colo Colo que se consagró campeón del Clausura 2002 a pesar de la situación de quiebra del equipo, lo que constituye una épica dada la capacidad de sobreponerse a los problemas que tuvo el plantel.
Campeón en la quiebra: no lo olvido más es un trabajo de Ignacio Morgan, y fue publicado por Editorial Trayecto.

Una de las claves para que Colo Colo ganara la Copa Libertadores de 1991 fue la presión que ejerció la hinchada en el Estadio Monumental. Y bien vale la pena conocer la historia y las anécdotas del telón de fondo que tuvo la hazaña de los pupilos de Mirko Jozic. Trabajo de Fabián Valenzuela.

Colo Colo, alma de campeón fue escrito tras la gesta colocolina, y se encuentra disponible para su lectura en línea en Memoria Chilena. En 60 páginas, resume la historia de la institución hasta llegar al 5 de junio de 1991. Su autor es Alejandro Darío Molina, conocido como Adamol.

Colo Colo es Chile, una historia de valor y gloria de Magdalena Ossandón recopila los hitos más importantes de la historia del club y cuenta la forma en que se trasluce la esencia del empuje, del coraje como valores históricos de la institución.

Los autores Fabián Valenzuela y Axel Pickett dieron vida a Datos albos. Efemérides de los 90 años de Colo Colo basándose en la popularidad de la cuenta de Twitter Datos Albos para entregar datos sorprendentes acerca de Colo Colo.

Tal como lo consignó La Tercera en 1991, Pedro Morales, Manuel Rodríguez Vega y Alberto Quintano estuvieron a la cabeza de la comitiva azul, la que se completó con los futbolistas Patricio Reyes, Juan Soto, Mariano Puyol, Horacio Rivas, Carlos Morales, Cristián Mora, además del capitán Roberto Reynero; y también concurrieron los cadetes de la U Mauricio Illesca y Gabriel Galindo.
“El día después de la Copa, íbamos a bajar a entrenar a la cancha y los dirigentes nos dicen que esperemos unos minutos porque iba a llegar alguien a visitarnos. Nos quedamos en el camarín y de repente entra el plantel con el cuerpo técnico de la U. Y ellos fueron, en forma privada, a felicitarnos por las cosas que habíamos conseguido”, rememora Leonel Herrera.
Eduardo Vilches recuerda el episodio: “Aparece el equipo Universidad de Chile felicitándonos en nuestro propio estadio, en nuestro propio camarín. El archirrival. Qué bonito, qué hermoso”.
“Eso es el fútbol. No es rivalidad, es competencia ¿Hay rivalidad? Sí en el campo de juego. Pero fuera no. Y no tiene que existir afuera. Menos en las barras”, reflexiona el Lalo.

“Íbamos a bajar a entrenar a la cancha y los dirigentes nos dicen que esperemos unos minutos porque iba a llegar alguien a visitarnos. Nos quedamos en el camarín y de repente entra el plantel con el cuerpo técnico de la U. Y ellos fueron, en forma privada, a felicitarnos» (Leonel Herrera).
Para Jaime Pizarro, en aquella época «éramos capaces de reconocernos más, de aceptarnos más y de disfrutar de un logro común».
Rubén Espinoza, por su parte, relata que “este equipo generaba una empatía muy grande. De hecho, cuando empezamos a pasar las etapas, no había quien no deseara… hinchas de clubes que no eran de Colo Colo que también bregaban para que Colo Colo fuera campeón. Eso también producto de la falta de objetivos anteriores y frustraciones”.
“Con los años nos tocó la experiencia de la gente que nos decía ‘soy hincha de la U, de la Católica, de Unión, pero en esos partidos de ustedes todos íbamos detrás de Colo Colo, de que lograra el objetivo, de que saliera campeón’”, evoca Herrera.
Desde el lado de Universidad de Chile, Mariano Puyol confidencia que «el autor intelectual de eso fue don Pedro Morales».
«Fue una situación que, en realidad, quien fue autor de esta gestión fue el entrenador de ese entonces de la U, don Pedro Morales. Él fue quien conversó con nosotros, con el plantel, y nos sugirió —me acuerdo— la iniciativa de ir a saludar al plantel de Colo Colo en el Estadio Monumental. Y fue bien tomada por todo el plantel, en realidad. No hubo ningún problema en ese sentido, nadie que se hubiese negado a ese acto, que lo hicimos muy sinceramente. La verdad es que fue un momento muy íntimo porque nadie supo. Fue todo el plantel. Fuimos después de un entrenamiento. Nosotros habíamos comunicado que íbamos a ir y nos estaba esperando el plantel. Fue un momento de mucha camaradería, que fue muy ameno», agrega el estandarte azul.
«No fue más allá de media hora, de veinte minutos. Se dieron los discursos que se dan en este tipo de cosas, de felicitar al rival. Fue muy ameno. Lo que me acuerdo es que fue un momento muy simpático por decirlo así, porque entre la seriedad del momento y del saludo, también hubo momento para tirar la talla», complementa.
Puyol explica sobre las gestiones: «Esto fue a nivel de coordinadores que se avisó que íbamos a ir. No hubo ningún contacto, al menos de mi parte, con la parte de ellos. Esto fue de coordinación a coordinación. Nosotros le pedimos a nuestro coordinador que comunicara que el plantel de la U los quería ir a saludar y que íbamos a ir ese día. Y asi fue. Fue muy ameno. Además que en esos tiempos estaba Ormeño, Garrido, Pizarro, Pato Yáñez y eran rivales que nosotros conocíamos de mucho tiempo».
«En esos tiempos uno compartía con los rivales. Nosotros veníamos jugando desde cadetes juntos contra Ormeño, Lizardo Garrido, Chupete Hormazábal, qué se yo, y desués uno los enfrentó como profesionales. Pero el vínculo fuera de la cancha siempre fue muy armonioso. De hecho, he compartido mucho con Lizardo y con Ormeño cuando éramos jugadores en comidas y cosas así. La diferencia era que en los partidos, ahí nos matábamos», se explaya.
Puyol recuerda que él le habló a los jugadores albos, junto con Horacio Rivas y Pedro Morales: «Las típicas palabras de felicitaciones, que nos sentíamos muy representados por ellos por el fútbol chilenos. Pero fue muy franco, Realmente sentíamos que había que felicitarlos, si era un logro histórico para el fútbol chileno a nivel de club».
]]>Pero a medida que fueron pasando las semanas, el fervor de aquel Colo Colo campeón de América no se detuvo. De hecho, la Copa Libertadores —la original — fue paseada por distintos lugares en donde se desplazaban los albos.
“Donde íbamos a jugar, iba el bus, jugadores, cuerpo técnico, directivos y la Copa adelante. Y llegábamos a Concepción, a Antofagasta, a la ciudad donde fuerai… es que no eran cientos de personas, eran miles. Miles de personas esperando el bus para ver a los jugadores, para ver la Copa, sacarse la foto… eran colas y colas. Entonces, lo que se generó después fue muy lindo, realmente muy importante para el hincha y para nosotros”, relata Marcelo Ramírez.
“Yo recuerdo que íbamos para todos lados con la Copa. Era una tremenda locura”, complementa Lizardo Garrido.

Al poco tiempo, unos cuatro meses después, Colo Colo tuvo que devolver el trofeo original. Y a cambio, al club albo se le entregó una réplica oficial de la Copa Libertadores
“He recorrido el país y muchas veces se lleva la réplica oficial. Yo la llevo a regiones. Olvídate. En Temuco, la pusimos en la Municipalidad. Estaba ahí. Llevamos la Copa, se anunció, Y me acuerdo que la gente daba la vuelta a la plaza para sacarse una foto”, complementa el Chano.
Después de anotar el tercer gol a Olimpia, Leonel Herrera se convirtió en una cara reconocible. “Donde iba, era todo gratis”, relata.
“Pasó que iba a comprarme un polerón y me cerraban la tienda. Y la gente encargada, los dueños, me decían ‘llévese lo que quiera’. Iba a restoranes, no me cobraban. Llegaban con botellas de champán, salían los cocineros, los comensales… fue muy potente, muy fuerte”, explica.
“Me ayudó mucho de dónde yo venía, con mi papá (Leonel Herrera, exdefensa de Colo Colo). Muchas de esas cosas ya las había pasado con él. Por lo tanto, para mí eran más naturales y eran parte del trabajo que realizaba. Me ayudó a sobrellevar de mejor manera, más aterrizado”, complementa.
Rubén Martínez comenta que “empezaron a pasar los meses y, de repente, a veces con Lizardo o con el ruso (Héctor) Adomaitis íbamos a comer y queríamos pasar más desapercibidos. Pero llegaba el dueño del restorán y decía que ‘nos sentimos halagados de que estén acá, no queremos que paguen nada’. Ellos te hacían sentir el afecto. Y cada vez que empiezan a pasar más los años, uno se da cuenta que ese logro se va engrandeciendo”.

En palabras de Luis Pérez, la Copa Libertadores 1991 implicó a los futbolistas un cambio más profundo: “Sin duda que para nosotros el haber llegado a la final y ganarla provocó un cambio en lo económico, en lo social, en lo deportivo. A todos nos cambió la vida”.
“Todos los de ese plantel tuvimos mejores contratos. Algunos se fueron al extranjero. De ser medianamente conocidos en Colo Colo, después de eso no solamente fuimos valorados en el momento sino que, digamos, en la historia y en la memoria del club, y en la memoria e historia de todo Chile”, adiciona Pérez.
Desde el lado del afecto de los hinchas, Daniel Morón asegura: “Tengo un contacto con casi todo el país permanentemente y la retribución por el cariño es impresionante”, sobre todo “en los pueblos más chiquitos”.
Y Jaime Pizarro recuerda una historia que llegó a las lágrimas: “En una oportunidad fui a ver una cancha donde habían unos niñitos jugando. De repente vi a una señora mayor. Entonces se acerca, me mira y me dice ‘¿usted es Jaime Pizarro?’ ‘Sí’, le digo yo, ‘mucho gusto ¿Está acompañando a uno de los niños?’, le dije. ‘Sí, estoy acompañando a mi nieto’. ‘Qué bueno’, le digo, ‘qué bien’. Y de pronto la miro, y se puso a llorar. Entonces, le pregunté ‘¿Qué le pasó?’. Y ella respondió: ‘Lo que pasa es que usted me recuerda cuando yo veía con mi marido los partidos de Colo Colo Y él a usted lo identificaba perfectamente y él me daba algunas condiciones suyas. Y ahora que lo veo me recuerdo de esos momento y mire donde lo vengo a encontrar’, me decía. Uno dice: ¡Qué emocionante!”.
]]>Tales antecedentes quizás guarden relación con otra actividad dinámica que desarrolló Ramírez el año pasado, esta vez con sus compañeros del Colo Colo campeón de América 1991 durante los meses en que comenzó a pandemia en Chile: un Zoom con todo el plantel y cuerpo técnico que le dio a Chile su hasta ahora única Copa Libertadores.
El primer paso fue reunir a los jugadores en un grupo de Whastapp que hasta hoy perdura: 91 Eternos Campeones, se llama, y la foto del avatar es una imagen grupal del momento en que recibieron la Copa.
“Entramos a cuarentena y el hecho de estar encerrado te va dando algo especial en tu organismo, en tu forma de pensar, en las dudas, en las incertidumbres, qué va a venir, qué viene. Y en una de las salidas, que sacaba a pasear a mi perrito, iba pensando qué pasará que se viene el aniversario de Colo Colo con 29 años de la obtención de Copa Libertadores. Qué estará pasando con el Chano (Lizardo Garrido), que había tenido problemas familiares; qué será de Jaime (Pizarro) porque hablábamos pero no nos veíamos. Entonces, me empecé a preocupar cómo estaba Ricardo (Dabrowski), (Daniel) Morón, (Juan Carlos) Peralta… todos. Entonces, llamo a Jaime Pizarro, que seguramente estaba haciendo ejercicio porque le encanta salir a correr, y no me contestó. Llamé al Chano, estuvimos hablando un buen rato y le digo ‘Chano ¿sabís qué? me dieron ganas de ver la posibilidad de que si nos podemos juntar todos ¿Qué te parece si hacemos un grupo de Whastapp y nos conectamos todos?’. ‘Puta, sería extraordinario’, me dijo. Llamé a Rubén Espinoza, lo mismo. Llamé a Ormeño, me dice ‘ah qué bueno’. Y entre todos empezamos a llamarnos a todos. Entonces, me mandaban los números a mí. Y yo formé el grupo de Whatsapp, un 30 de mayo. 91 Eternos Campeones, le puse como título y una foto del grupo cuando nos entregaron la Copa y estaban todos, los dirigentes, los utileros, los jugadores. Bien bonito”, relata Cheíto.

«91 Eternos Campeones, le puse como título y una foto del grupo cuando nos entregaron la Copa y estaban todos, los dirigentes, los utileros, los jugadores. Bien bonito» (Miguel Ramírez).
“Entonces no conectamos (Por Whastapp) y fue una maravilla. Hasta el día de hoy nos saludamos todas las mañanas, buenos días… hoy (al momento de la entrevista, el 21 de abril de 2021) estaba de cumpleaños Eduardo Vilches, lo saludamos todos, también Mirko (Jozic) desde Croacia. Formamos ese grupo, mantuvimos comunicación”, adiciona.
El paso siguiente del plan de Ramírez era que todos se vieran las caras: “Por mi trabajo (era el entrenador de Santiago Wanderers y debía dirigir a distancia los entrenamientos de sus jugadores), yo había contratado Zoom. Lo compré y les propuse a mis compañeros hacer un Zoom. Nos pusimos de acuerdo cuándo podíamos la mayoría, y nos juntamos para el 5 de junio. Y la mayoría que pudo meterse, entró, algunos entraron después porque otros estaban fuera. Pero la mayoría nos juntamos”.
“Estuvimos en el Zoom metido cuatro horas. Fue una maravilla tenerlos a todos ahí contando anécdotas, historias que hubo, de camarín, de viajes, de partidos. Fue emotivo, muy emotivo también porque recordamos a personas importantes que ya no están, como el presidente Eduardo Menichetti, Carlitos Velásquez, una persona súper importante para el camarín, y otra persona muy importante, Florencio Ceballos, el que hizo canchas por todo Chile y que tenía el Monumental como mesa de billar”, cuenta Ramírez.
En un acto de creatividad, el exdefensa colocolino encontró la forma de “incorporar” a Menichetti, a Velásquez y a Ceballos en la conversación telemática: “En ese Zoom los pudimos poner con fotitos con distintos computadores que se conectaron para tenerlos presentes. Entonces fue una maravilla tenerlos a todos”.
“Lo de Miguel que el año pasado se le ocurre esto de formar el grupo y hacer un Zoom, fue maravilloso. Fue maravilloso porque hubo momentos en que nos cagamos de la risa, y hubo momentos muy muy emotivos también. Hoy estamos todos conectados permanentemente”, cuenta Daniel Morón.
Para Eduardo Vilches, “fue realmente emotivo reencontrarnos después de tanto tiempo, saber de tu compañero, de tu amigo, de tu partner de equipo, saber cómo está, cómo se encuentra, dónde se está desarrollando profesionalmente, qué está haciendo… entonces, la verdad es que fue muy emotivo poder juntarnos y poder contarnos algunas aventuras”.
“Cuando nos citó Miguel Ramírez para hacer el Zoom, ese día lloramos todos. Volver a recuperar y estar hablando de las cosas que nos pasaron… el grupo era especial, de ayudarnos, de protegernos, de hacer cosas en conjunto”, relata Raúl Ormeño.
“Y uno se emociona porque es gente que te marca la vida. Este grupo siempre ha sido tan humanitario», acota Juan Carlos Peralta.

«Estuvimos en el Zoom metido cuatro horas. Fue una maravilla tenerlos a todos ahí contando anécdotas, historias que hubo, de camarín, de viajes, de partidos. Fue emotivo, muy emotivo» (Miguel Ramírez).
“Miguel Ramírez un día me llamó y me dijo que estaba con mucha nostalgia, y me dijo que quería hacer un Zoom para ver como estábamos. Y bueno, ahí apareció la grandeza de todos nosotros y nos conectamos. Yo creo que es el Zoom más fuerte, no creo que haya otro que pueda existir. De verdad, fue puro llanto. Hay jugadores que ves que por ningún motivo pueden llorar. Y pasó. Con ese que se veía fuerte… el Kaiser, todos. Y siempre lo ves súper compuesto, que no le pasada nada. Soy muy amigo de Jaime. Y ahí, llorando como loco”, recuerda Lizardo Garrido sobre aquel Zoom. “Yo creo que el 90% se puso a llorar. Fue súper emotivo, fue súper potente, fue súper fuerte”, agrega el Chano.
Garrido describe la unión del grupo que quedó manifiesta en el Zoom: “Todos entregaron un mensaje que apuntaba a una sola cosa: al cariño y a esa cuestión que teníamos nosotros o que tenemos hasta el día de hoy que es querernos mucho, mimarnos mucho, abrazarnos mucho, estar preocupado de qué pasa. Siempre, siempre, siempre pendiente de quien hay que ayudar, dar una mano”.
“Para mí, ese Colo Colo de 1991 son hermanos de la vida, por todo lo que significó ese grupo para cada uno de nosotros, por los logros, por lo que nos transmitieron y por lo que nos ayudaron a crecer como jugadores y como personas. Ellos son mis hermanos de la vida”, concluye Miguel Ramírez.
]]>“Sacar a Colo Colo campeón y llevarlo a título de la Copa Libertadores”. A más de 30 años desde que Jozic la pronunciara, en un español tarzanesco, la frase vuelve a cobrar valor. El estratega balcánico la dijo con una naturalidad que hizo que pareciera un recurso para zafar del asedio periodístico, pero terminó siendo profética. O, más que eso, un aviso de que su presencia en Macul dejaría una huella imborrable. Recibió de vuelta una dosis de incredulidad y una que otra sonrisa burlona, solapada. Pero la declaración de intenciones iría más allá. En el hotel que lo acogió en sus primeros días, plasmó la idea táctica que pretendía implementar en el Cacique: el triple rombo que marcaría una revolución táctica clave para lo que vendría. Otra vez, pocos le creyeron.
Con Jozic, en Pedreros cambiaría todo. Desde el sistema de juego a las formas de relacionarse. Habituados al estilo paternalista de Arturo Salah, a los jugadores albos les chocó que el nuevo entrenador les dirigiera la palabra apenas lo justo. O que, en plena sesión de trabajo, se desapareciera y delegara la supervisión de las tareas en el ayudante Eddio Inostroza y, principalmente, en el preparador físico, Marcelo Oyarzún, hijo del recordado Nelson ‘Consomé’ Oyarzún. El croata no palmoteaba espaldas. Aún después de una victoria contundente, era capaz de reprocharle a algún jugador una jugada mal terminada o un movimiento insatisfactorio dentro del campo. Los más veteranos del equipo, como Raúl Ormeño y Lizardo Garrido, debieron realizar esfuerzos extremos para entenderlo. “Tenemos que ser honestos, porque al principio tuvimos problemas con Mirko de adaptación. Yo tuve problemas serios”, reconoce el Chano. Lo mismo Marcelo Barticcciotto, quien ha reconocido siempre que su cercanía con Salah traspasó con largueza la mera relación entre técnico y entrenador.
Jozic aspiraba a la perfección. Y no estaba dispuesto a realizar concesiones. “Venían de un sistema totalmente diferente. Siempre escuché que Arturo (Salah) era un técnico cercano, que hablaba mucho con los jugadores, de hablar, de palmotear la espalda. Mirko, al menos trabajando, no era así. Sí con su familia y con su hija. Con el buzo, era distinto. Había sufrido mucho, por la guerra incluso. Conocía el rigor. Él daba órdenes y corregía hasta la perfección. No paraba hasta conseguirla. No se permitía un margen de error muy amplio”, resume Marcelo Oyarzún, el preparador físico que lo acompañó incluso hasta después de su paso por Macul.

«Había sufrido mucho, por la guerra incluso. Conocía el rigor. Él daba órdenes y corregía hasta la perfección. No paraba hasta conseguirla. No se permitía un margen de error muy amplio» (Marcelo Oyarzún sobre Mirko Jozic).
Oyarzún es, de hecho, uno de los pocos que puede arrogarse una relación cercana con Jozic en esos tiempos. El preparador físico era, por ejemplo, el encargado de pasarlo a buscar para llevarlo a los entrenamientos. Jozic le devolvía afecto. “Como tenía veintitantos años menos que él, había una relación como de padre a hijo. Yo estaba en el medio, trabajaba con él, pero me hacía pasar a su casa para que almorzáramos. Fue al bautizo de mi hija mayor, que nació en el 90, una semana antes de que me fuera a trabajar con él a Colo Colo”, recuerda.
Entre los jugadores, en cambio, había apenas uno que podía jactarse de un trato similar. Gabriel Mendoza todavía habla del europeo como su padre: “Era especial conmigo. Con los más experimentados no era así. Todos tuvieron que adaptarse a lo que pedía y acatar nomás. Qué le íbamos a decir. Yo era un desconocido total y él me llevó. A Miguel (Ramírez), Javier (Margas) y a (Juan Carlos) Peralta los hizo jugar y si teníamos que poner la cabeza por él, la íbamos a poner. Los más experimentados no aceptaban muchas cosas, pero tuvieron que acatar. Hubo algunos que quisieron sublevarse, pero los resultados mandaron. Él no era de apego. Era jugar, ganar y no encontrar nada bueno. A mí, en Ecuador (después del empate ante el Barcelona), me pasó. Pensaba que había jugado un partidazo y me dijo ‘tú, muchacho loco, tirar un centro atrás, en vez de buscar el segundo palo’. Eso nos hizo lograr lo que logramos”.
El vínculo estuvo a punto de cortarse para siempre por una ocurrencia que el Coca tuvo con su compañero de andanzas en ese plantel: Javier Margas. Jozic los sorprendió en plena operación de ‘los comandos’, un juego que consistía en desordenarles las piezas a los compañeros en plena concentración. “Todo lo que te dije en la tarde, olvídalo”, le dijo Jozic al granerino, en relación a la especial ligazón. Pero el cariño se mantuvo. Cuando Jozic volvió a Chile, para participar en el inicio del proyecto de Blanco y Negro, sacó el lado paternalista. “Nos abrazamos. Y me preguntó cuántas casas tenía”, evocaba Mendoza, también con motivo del citado cumpleaños de Mirko.

“Uno de los primeros partidos que nos dirigió fue contra Wanderers en el Monumental, ganamos 6-0 y nos retó a todos en el camarín porque no habíamos hecho más, porque nos relajamos, pero resulta que ganamos por seis. Pero fue tomando este ritmo, tuvo una conducción extraordinaria en términos de enseñar tal vez otros objetivos. Mirko de repente nos mostraba movimientos, 20 minutos y se acababa el entrenamiento”, recuerda, también, Jaime Pizarro.
Jozic, por cierto, se ha desprendido, con el tiempo de la coraza. Aunque hace cinco años se autoexilió de la vida pública, una de sus últimas apariciones fue para agradecer la devoción que el pueblo albo aún siente por él y su legado. “Mis queridos colocolinos, familia mía: les estoy eternamente agradecido por todo el amor demostrado hacia mí y mi familia durante todos estos años. Gracias por este honorable reconocimiento, que significa mucho para mí y que me hace volver a un lugar donde pasé los días más felices de mi vida como profesional y privada”, escribió con motivo de la celebración del Día del Inmigrante colocolino, el año pasado. “Sigan amando a esta institución, respetándola y gritando por ella en las buenas y en las malas… siempre juntos”, pidió.
Ese Colo Colo, aunque parezca una exageración, tuvo que aprender a jugar de nuevo. Y desde el primer día: debut y victoria por la cuenta mínima sobre Universidad Católica, entonces líder del Campeonato Nacional. En principio, por la dinámica que Jozic exigía para los movimientos era mucho mayor que la que imprimía hasta entonces. Y, en segundo término, porque, de la mano de la nueva estructura, el lenguaje táctico varió. En el Cacique se hablaba de líbero, la función que encarnó brillantemente Garrido, quien antes había sido lateral y después zaguero central en una línea de cuatro hombres. También asomaron los stoppers, tarea para la que fueron elegidos Miguel Ramírez y Javier Margas, surgidos en las divisiones inferiores del club.
También se comenzó a acuñar el concepto de laterales volantes, una tarea que exigía un despliegue mayúsculo, que recayó en Mendoza y en Jaime Pizarro. Rubén Espinoza, lateral derecho en la UC y en sus primeros meses en el Cacique, pasaría a transformarse en volante ofensivo, en otro de los cambios profundos que introdujo el DT. Quedaban más. La ofensiva pasaría a estar compuesta por tres hombres. Alternativas para llenar los puestos sobraban. En enero de 1991, los albos darían el golpe del mercado fichando a Patricio Yáñez, a quien las lesiones le habían impedido alcanzar regularidad en la U. El Pato se sumaba a otros nombres estelares, como Barticciotto, Ricardo Dabrowski y Rubén Martínez. En un rol secundario, aunque terminarían siendo héroes, figuraban Luis Pérez, cedido por la UC, y el juvenil Leonel Herrera.
“Lo que uno le recalca o valora a Mirko es que le fue sacando rendimiento a cada uno de acuerdo a sus características. Y los fue posicionando en lugares distintos. Por ejemplo, Jaime jugaba como volante, con Arturo jugaba como volante de contención o volante mixto, lo utilizó de volante en esa línea de tres como volante externo. En el caso personal me decía a mí que era muy lento para hacer la función de volante por la derecha. Él tuvo la inteligencia y estrategia de colocar a Miguel y a Javier, que eran unos animales, como stoppers. El que jugaba atrás, estaba happy”, grafica Espinoza, protagonista de una de las variaciones más notorias.

La imagen de un Colo Colo que, sobre todo en Macul, avasallaba a los equipos más linajudos del continente, como Nacional de Montevideo, Boca Juniors u Olimpia, no tardó en trascender a nivel internacional. Sin ir más lejos, en Argentina hubo alguien que le dedicó especial atención al trabajo del croata: Marcelo Bielsa.
El Loco no se quedó en la admiración. Viajó desde Argentina para presenciar en terreno los trabajos de Jozic y su staff. “Bielsa vino cuando se produjo el intermedio después de haber ganado la Libertadores, en el receso de invierno. Viene a ver este modelo de Colo Colo. Se queda acá 10 días y Mirko solo lo atendió durante los entrenamientos. Fuera de eso, lo atendía yo. Ahí nace un poco la relación entre Mirko y él, que fue a través de Jorge Vergara. Bielsa se contacta con Vergara y Vergara, que era dirigente, lo autoriza para venir a ver el modelo y Marcelo viene a conocerlo. Eso habla de la obsesión de Bielsa”, recuerda Oyarzún.
Al año siguiente, eso sí, el pupilo derrota al maestro. Colo Colo, en una excepción para un campeón vigente de la Libertadores de la época, comparte grupo en la primera ronda con Newell’s Old Boys, el equipo al que dirigía Bielsa. “Al año siguiente, nos ganó con un gol a los ocho segundos, con una jugada que nosotros sabíamos que siempre hacía”, rememora Oyarzún. Con el tiempo, habría otra muestra de esa influencia: en 1998, Jozic dirigiría a Newell’s, el equipo de toda la vida de Bielsa.

«Sigan amando a esta institución, respetándola y gritando por ella en las buenas y en las malas… siempre juntos» (Mirko Jozic).